Maestros, estudiantes y sindicalistas vuelven a rechazar la LGE

Santiago, 08/072008.- Una nueva manifestación contra la denominada Ley General de Educación (LGE) protagonizaron en Santiago miles de profesores, estudiantes y dirigentes sindicales, en una marcha y acto no autorizado que terminó en incidentes en el centro de Santiago. La jornada contemplaba efectuar varias marchas que convergerían en la plazoleta Los Héroes, siendo la principal una que avanzaría por Alameda desde la Plaza Italia. Sin embargo al inicio de la caminata la policía atacó a los manifestantes con carros lanzagases, caballería y cañones de agua, obligándolos a dispersarse y avanzar en pequeños grupos por las veredas para llegar al punto de reunión. Allí fueron autorizados para realizar un acto que congregó a varios miles de personas, pero tras los intentos de pequeños grupos de avanzar hacia el palacio de gobierno todos fueron dispersados por un poderoso dispositivo policial antimotín.

En el improvisado acto habló el presidente nacional del Colegio de Profesores Jaime Gajardo quien reiteró las críticas del magisterio contra la LGE y exigió la renuncia de la ministra de Educación Mónica Jiménez. Los cuestionamientos contra esta funcionaria han arreciado en estas últimas semanas tanto por lo que se considera actitudes autoritarias para imponer la mencionada legislación a como de lugar, como por ser dueña de cuatro colegios particulares lo que sería a juicio de los críticos incompatible con el desempeño del cargo.

Si bien el paro de actividades del magisterio no habría tenido la adhesión de muchos docentes, los organizadores consideran exitosa la jornada pues lograron realizar las manifestaciones que tenían presupuestadas a pesar de enfrentar la prohibición de hacerlas y el fuerte contingente de tropas antimotines que los enfrentó.

====================================================================

Apuntes

Democracia “de los acuerdos” y del malestar ciudadano

Como en otras ocasiones en esta coyuntura de marchas contra la Ley General de Educación se ha evidenciado el malestar que genera el recurrido concepto de “democracia de los acuerdos”, bajo el cual la voluntad de las amplias mayorías no se expresa en las instituciones políticas como el parlamento, y las leyes y otras iniciativas son “acordadas” a puertas cerradas entre jerarcas políticos. Es lo que finalmente ocurrió con la LGE surgida de la negociación entre el gobierno y la oposición derechista.

Para los gobiernistas “es lo que hay”. No tienen la suficiente fuerza en el parlamento para imponer legislaciones más progresivas y deben ceder ante los derechistas.

Pero esta realidad no evita el malestar de los jóvenes y de muchos ciudadanos no solo por la LGE sino también otros problemas que los aquejan frente a los cuales sienten que la “institucionalidad democrática” no da respuestas satisfactorias.

Por ahora los “puteados” políticos pueden estar tranquilos. En los extramuros no ha surgido ninguna alternativa que los afecte, la policía los tiene a bien resguardo y el padrón electoral es totalmente confiable. No importa mucho que los jóvenes no se inscriban y no voten pues muchas “democracias” funcionan así y a plena satisfacción de los sectores dominantes. No es bueno que existan muchos votantes desconocidos o volubles, dicen.

Pero en el largo plazo tampoco será bueno que existan tan pocos, con ciudadanos que se organizan por su propia cuenta y demandan con furor solución a sus problemas sin importarles un cuesco las “mesas de dialogo” y otros ingenios parecidos.

En los inicios de la transición los parlamentarios chilenos eran mas o menos respetados, entrevistados o invitados a programas de TV y casi todos ellos con columnas en los principales periódicos. Hoy crecientemente son vistos como unos inútiles, sinvergüenzas, flojos, mentirosos o chivientos y unos hijos de p… como dice el cartel.

La mediática “Inusitada Violencia”

Lo ocurrido tanto en la Plaza Italia como en la plazoleta Los Héroes fue calificado por algunos canales de TV como “inusitada violencia” criticando las reacciones de los manifestantes frente a las embestidas de la policía.

Sin embargo tal calificativo es una exageración pues se trató de simples forcejeos y otros incidentes menores. Cuesta comprender como se puede calificar de “inusitada violencia” un empujón a un policía y no se haga lo mismo con disparar chorros de agua con químicos contra la vanguardia de una columna de profesores, lo que derivó en heridas para al menos un docente quien debió ser retirado del lugar en ambulancia.

El general de los “noteros” y el poder político subordinado

Uno de los factores que explicaría en parte la popularidad del fallecido general Bernales fue su cercanía con la prensa y canales de TV comerciales. Ä través de estos medios y acicateado por los “noteros” (reporteros) emitió cuestionables declaraciones y amenazas sobre las cuales el poder político guardó estricto silencio. Aquí aparece otro general de policía emulando a su ex comandante y en complicidad con los reporteros de canales de TV deslizando ácidas críticas a los convocantes de la manifestación.

En estricto rigor el uniformado no tendría por qué ser entrevistado con tanto afán sino sus jefes civiles quienes son los llamados a dar explicaciones por lo que hace o deja de hacer la fuerza policial bajo su mando.

Pero existe la idea que los debilitados gobiernos de la Concertación y especialmente este último han brindado a la policía atribuciones mas allá de lo que la prudencia aconseja. Errores políticos tan groseros como el subestimar la profundidad de la crisis en la educación pública que derivó en la “revolución pinquina” o el caótico Transantiago han llevado a los civiles a depender cada vez mas de los uniformados y a estos a imponer sus procedimientos.

El gobierno de la Dra. Bachelet le debe bastante a la policía uniformada y eso se vió expresado dramáticamente en el funeral del general Bernales, convertido en un héroe nacional sin que nadie sepa a ciencia cuales son sus méritos mas allá de haber fallecido junto a su esposa en un accidente aéreo. El aparatoso funeral del comandante policial fue una de las formas en que los civiles “pagaron” parte de la deuda contraída.

Otro pago es la extraña lentitud para identificar al uniformado que lesionó gravemente a un reportero gráfico en medio de las manifestaciones del 21 de mayo pasado. Hasta la fecha y a pesar de contar con diversos testimonios e imágenes la identidad del policía permanenece en el anonimato mientras que el profesional agredido sigue postrado, sin visión en el ojo golpeado y sin poder trabajar para sustentar a su familia.

Escribe un comentario