La visión de unos trabajadores de Ferrocarriles del Estado estacionados en el frontis de la sede de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT, y sus carteles reclamando por la situación que los afecta me hizo recordar el viejo dicho tan atingente a esta y otras situaciones vividas en Chile en el último tiempo.
A la diabla es igual que “a tontas y a locas” o “al lotijuay” como se definía hace años el hacer las cosas mal, derrochando escandalosamente recursos y energías. Como ha ocurrido, por ejemplo, en Ferrocarriles del Estado que hoy transita por una profunda crisis y amenaza con despidos y precarización a sus trabajadores. O en los servicios de Salud Pública que caminan de escándalo en escándalo, el ultimo de los cuales fue la inauguración fraudulenta del Hospital de Curepto con la cual se pretendió engañar al país presentando como operativo un servicio que no lo estaba.
Frente a la CUT se encuentra el Ministerio de Educación, otra dependencia donde campea también el “a la diabla” y se han dilapidado o mal administrado miles de millones, al punto de costarle el puesto a la ministra del ramo.
La conclusión lógica de tanto escándalo e iniciativas “a la diabla” es … mandar al diablo a sus responsables. El único obstáculo para hacerlo es que lamentablemente los mandados al diablo serán reemplazados por otros demonios peores, pero cada vez me asombra más mi tranquilidad al pensar que dan lo mismo unos y otros.
Salud insana
El 11 de abril apareció esta singular exposición en la Plaza de la Constitución, frente al
palacio de gobierno, donde se mostraban maquetas de numerosos hospitales de regiones
que a simple vista parecían de ensueño. Probablemente entre ellas estuviera la del
hospital de Curepto, cuya falsa inauguración ha significado un feroz bochorno para el
gobierno. Tampoco estaba la maqueta del hospital San José, uno de los mas modernos
de la Región Metropolina, pero donde los pacientes deben dormir en los pasillos
y algunas embarazadas tener sus bebés en los baños.
Entre los responsables
Tanto en el caso de Ferrocarriles del Estado, hoy en crisis, como en el affaire de las
subvenciones del Ministerio de Educación, los dedos acusadores apuntan en contra
de militantes de la Democracia Cristiana, el principal partido de gobierno, cuya sede
se ha visto muy asediada por la prensa. Curiosamente en su primer piso se sitúa
el restorante “El Siciliano” que evoca a cierta organización criminal italiana con la
cual muchos comparan al partido en cuestión
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